Remake

He visto el futuro y será como «Remake» de Connie Willis, la profética novela de ciencia ficción escrita en 1994, ambientada en Hollywood. Nuestros actores favoritos, inmunes a la vejez y la muerte, volverán a rodar secuelas y más secuelas de las películas de nuestra infancia y juventud, como antídoto contra nuestra propia vejez y muerte, por obra y gracia de la inteligencia artificial. Forzado por su enfermedad, Bruce Willis (qué irónico, otro Willis) ha abierto la veda con ese acuerdo al que ha llegado para que un doble digital suyo ruede sus próximas películas. Después le tocará el turno a los actores simplemente viejos y gastados, como Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone, los colegas de Willis desde los tiempos de Planet Hollywood, que harán más secuelas de Terminator y Rambo, en las que estarán tan lozanos como en sus años mozos (porque en realidad las harán sus dobles creados con inteligencia artificial, ironías de Skynet). Total, nunca se caracterizaron por tener demasiados registros dramáticos. Pero también acabarán subiéndose al carro los actores que siguen el método Stanislavski, no lo dudéis (De Niro siempre pensando en su pensión, ya sabéis).

¿Y después de los actores qué será lo próximo? Os lo diré: lo próximo serán más libros escritos por nuestros autores favoritos, aunque lleven décadas o siglos enterrados. La inteligencia artificial se encargará de escribir más historias de Lovecraft, Howard, Tolkien o cualquier gran nombre de las letras universales que se os ocurra, por muy trabajado que sea el estilo del escritor elegido. El traductor de WordPress ya hace traducciones perfectas de obras literarias. Sí, habéis leído bien, cuando digo perfectas es perfectas, pese a todas las pegas que se les han puesto a los traductores en línea. He cogido un relato de Clark Ashton Smith publicado en su día en Weird Tales (un relato de apenas un par de páginas que no he visto en ninguna antología y que es probable que no se publique en español ni en un millón de años), un cuento con su característico estilo poético, barroco y rebuscado, con palabras bien raras, de esas que solo encuentras en la Enciclopedia Británica, y lo he traducido con el traductor de WordPress. Pues bien, he comparado el resultado con el original… ¡y la traducción es perfecta!

Es fácil adivinar el siguiente paso, si te has criado leyendo libros de especulación científica (nunca me gustó demasiado el término, pero es más apropiado que nunca). Igual que ya no hacen falta traductores humanos, pronto tampoco harán falta escritores humanos, ni creadores humanos en general. Las máquinas lo harán todo por nosotros, como en esas novelas de ciencia ficción que tanto os gustan (aunque parece que a los chicos de Silicon Valley les gustan por las razones equivocadas, no como advertencia sobre el mal uso que se le puede dar a la tecnología). La creatividad humana, que ya lleva un tiempo agonizando a base de una estricta dieta de remakes, secuelas y pastiches, morirá del todo. Entonces ya habremos conseguido lo que llevamos tantos años intentando: suicidarnos como especie. Porque el ser humano es ante todo un ser creador… aunque sus creaciones se le estén yendo de las manos. Por cierto, todo esto ya lo predijo a su manera la primera obra del género, Frankenstein… o el moderno Prometeo.

NOTA: esto se me ocurrió tras un sueño muy chungo que tuve en el que Kurt Russell se enfrentaba a Charles Dance (Tywin Lannister en «Juego de Tronos») en la escuela de Hogwarts. Todos ardían al final, prendiendo fuego de paso al puto Hogwarts. ¡Mis sueños también se han convertido en remakes sin pies ni cabeza!

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